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DC FieldValueLanguage
dc.contributor.authorEchauri, Raúles
dc.date.accessioned2021-11-19T11:14:08Z-
dc.date.available2021-11-19T11:14:08Z-
dc.date.issued1995-
dc.identifier.citationEchauri, R. Sobre la experiencia estética [en línea]. Sapientia. 1995, 50 (195-196). Disponible en: https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/12957es
dc.identifier.issn0036-4703-
dc.identifier.urihttps://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/12957-
dc.description.abstractResumen: Como tantas veces se ha dicho, el mundo del arte implica un artista o productor, una obra de arte o producto y finalmente un amante del arte o consumidor. Situándonos en este último punto de vista, con talento personal o sin él, el contemplador aspira a solazarse con los productos artísticos que admira, a esparcir con ellos sus sentidos y su espíritu, y es esto lo que constituye la experiencia estética propiamente dicha. Pero el acceso a ella está condicionado por múltiples factores. No todos los asistentes a un concierto, ni todos los visitantes de un museo resultan capaces de apreciar el sabor artístico de las obras. Es frecuente observar en un museo a multitud de personas que desfilan ante las obras sin advertir que lo son. Sólo les han brindado una rápida ojeada, mirándolas sin verlas. «Si la simple visión de un vaso griego pintado —escribe Gilson al respecto— no llena a un hombre con un inefable gozo, en vano leerá la colosal literatura que se amontona sobre este tema con la esperanza de adquirir la experiencia estética que, si tiene vista para la belleza, el más indocto de los hombres gozará inmediatamente y sin esfuerzo»1. Evidentemerite, no se logra la vivencia estética a propósito de un vaso griego o de un cuadro de Monet informándose sobre el arte griego o sobre el impresionismo francés. El menos versado de los hombres puede deleitarse con lo que contempla, siempre y cuando tenga olfato para la belleza. Pero aquí reside uno de los factores mencionados que pone límites a una experiencia estética indiscriminada y accesible a todos. ¿De qué depende que un hombre goce con una determínada obra y otro permanezca indiferente? Alguien ha dicho que la vulgaridad consiste en pasar ante lo sublime y quedarse impávido. Si bien esto es en parte verdad, no es toda la verdad. Uno podría pensar, en tal sentido, que el mundo del arte está clausurado para una persona no cultivada. Aunque en gran medida sea de hecho así, no nos atreveríamos a afirmar que la experiencia estética esté vedada para ella. Un monarca puede haber dormido al escuchar a Mozart, mientras que un simple lacayo puede haber disfrutado con su música.es
dc.formatapplication/pdfes
dc.language.isospaes
dc.publisherPontificia Universidad Católica Argentina. Facultad de Filosofía y Letrases
dc.rightsAcceso abierto*
dc.rights.urihttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/*
dc.sourceSapientia. 1995, 50 (195-196)es
dc.subjectOBRAS DE ARTEes
dc.subjectESTETICAes
dc.subjectEXPERIENCIA ESTETICAes
dc.subjectRAZONes
dc.subjectLENGUAJEes
dc.titleSobre la experiencia estéticaes
dc.typeArtículoes
uca.disciplinaFILOSOFIAes
uca.issnrd1es
uca.affiliationFil: Echauri, Raúl. Universidad Nacional de Rosario; Argentinaes
uca.versionpublishedVersiones
item.fulltextWith Fulltext-
item.languageiso639-1es-
item.grantfulltextopen-
Appears in Collections:SAP - 1995 Vol L nro. 195-196
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