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  <title>DSpace Colección :</title>
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  <updated>2026-04-23T09:44:19Z</updated>
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    <title>La unidad de acto y contenido conceptual en el tomismo</title>
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      <name>Furlán, Augusto</name>
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    <updated>2022-01-04T05:14:10Z</updated>
    <published>1997-01-01T00:00:00Z</published>
    <summary type="text">Título: La unidad de acto y contenido conceptual en el tomismo
Autor: Furlán, Augusto
Resumen: Resumen: 1. Los caracteres esenciales del conocimiento La distinción entre ser y conocimiento es el principio fundamental de la gnoseología&#xD;
realista. Alrededor del mismo habrán de articularse todas las tesis fundamentales&#xD;
que caracterizan su manera de concebir y explicar el hecho del saber. Ser es diferente&#xD;
de ser conocido; conocimiento y ser denotan dos ámbitos distintos, si bien&#xD;
como se verá esta dualidad no implica que se excluyan totalmente uno al otro', pues&#xD;
justamente el conocimiento consiste en la relación que lo vincula al ser y supone la&#xD;
posibilidad de que éste pueda ser conocido.&#xD;
Una cosa es el ser y otra es el ser en el conocimiento o el conocimiento del ser.&#xD;
La separación entre ambos es una evidencia que está en la base de toda explicación&#xD;
ulterior del problema gnoseológico. La distinción no puede por tanto plantearse como&#xD;
problema, ya que justamente es ella la que resulta imprescindible para que el conocimiento&#xD;
se manifieste a la reflexión. Dicho de otra manera, la cuestión gnoseológica&#xD;
no se habría suscitado jamás, como un tema del saber humano, si no se hubiera&#xD;
reconocido la diferencia existente entre el ser en sí mismo, el ser real, y el ser conocido.&#xD;
Un análisis exento de prejuicios de nuestra experiencia cognoscitiva nos revela&#xD;
que ella se nos muestra siempre como la aprehensión de algo diferente, que nuestros&#xD;
pensamientos, nuestras sensaciones y todo lo que nos llega a la conciencia, remite a&#xD;
algo que excede la mera representación mental que podemos hacernos de ello. Lo&#xD;
conocido se presenta siempre como independiente del sujeto que conoce; lo trasciende,&#xD;
lo antecede. Nuestra mente experimenta esta conciencia de enfrentarse a lo&#xD;
que ya existe' con anterioridad a la aprehensión que ella efectúa. Un mundo de seres&#xD;
y de verdades nos es dado para ser aprehendidos por nuestras potencias cognoscentes&#xD;
sin que tengamos experiencia alguna de crearlo por nuestra cuenta.</summary>
    <dc:date>1997-01-01T00:00:00Z</dc:date>
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    <title>Sobre objetos y objetividad : aspectos del problema de la objetividad del conocimiento en el realismo clásico</title>
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      <name>Burgoa, Lorenzo Vicente</name>
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    <updated>2022-01-04T05:14:25Z</updated>
    <published>1997-01-01T00:00:00Z</published>
    <summary type="text">Título: Sobre objetos y objetividad : aspectos del problema de la objetividad del conocimiento en el realismo clásico
Autor: Burgoa, Lorenzo Vicente
Resumen: Resumen: Introducción: el problema de la objetividad del conocimiento&#xD;
El problema acerca de la objetividad del conocimiento se ha presentado, sin duda,&#xD;
con mayor agudeza en tiempos modernos, especialmente después de Kant. Pero venía&#xD;
implicado de alguna manera en las doctrinas filosóficas, al menos desde el conceptualismo&#xD;
medieval.&#xD;
Es más, frente a 19 que se ha protestado en algunas ocasiones, que se trata de un&#xD;
pseudoproblemal, hoy estamos convencidos de que no hay en realidad postura filosófica&#xD;
alguna que no lleve en sí o deba llevar en sí y plantearse con toda franqueza el&#xD;
problema de la objetividad. Baste pensar en que, incluso dentro del realismo clásico,&#xD;
el que se inspira en Aristóteles y en Tomás de Aquino, el conocimiento es considerado&#xD;
como una actividad estrictamente inmanente, esto es, cuyo principio y término&#xD;
se halla en el mismo sujeto operante y para perfección del mismo. Por tanto, siempre&#xD;
puede pensarse si en tal acción inmanente no prima lo subjetivo; incluso si no puede&#xD;
decirse, también en el realismo, que «el objeto depende del sujeto». En efecto, el objeto,&#xD;
como objeto de conocimiento, es algo «formado por el sujeto»2, pues es el término&#xD;
de dicha actividad inmanente. Esto no implica necesariamente un planteamiento&#xD;
kantiano, pues esa «formación» o «forma» que el sujeto pone al formar el objeto&#xD;
puede provenir o bien del sujeto mismo a priori, o bien desde el objeto, bajo una&#xD;
cierta comprensión o visualización. La postura kantiana se refiere, pues, a lo primero&#xD;
y se refiere al origen de la forma del conocimiento, que sería puramente a priori&#xD;
o subjetiva, mientras que en el realismo clásico la forma la pone sin duda el sujeto,&#xD;
pero no a priori, sino a posteriori. Y en esto está el problema: ¿Cómo puede el sujeto&#xD;
«formar» el objeto, darle una forma, sino es desde sí mismo? ¿Cómo puedo conocer&#xD;
antes de conocer?'.</summary>
    <dc:date>1997-01-01T00:00:00Z</dc:date>
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    <title>Providencia y naturaleza</title>
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      <name>Zanotti, Gabriel J.</name>
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    <updated>2022-01-04T05:08:26Z</updated>
    <published>1997-01-01T00:00:00Z</published>
    <summary type="text">Título: Providencia y naturaleza
Autor: Zanotti, Gabriel J.
Resumen: Resumen: En la siguiente ponencia será nuestra intención demostrar que la noción de Providencia&#xD;
Divina existente en Santo Tomás implica la afirmación ontológica de un&#xD;
mundo físico ordenado, con esencias y por ende con naturalezas objetivamente existentes,&#xD;
con posibilidad de falla a su vez. Esto coloca a Santo Tomás en una posición&#xD;
cosmológica-metafísica intermedia entre un determinismo físico absoluto y un caos&#xD;
absoluto (no nos estamos refiriendo necesariamente a las teorías del caos). A su vez, da las bases para entender la no contradicción entre la Providencia Divina y la libertad&#xD;
humana. Para ello estableceremos los siguientes puntos:&#xD;
1. La noción de Divina Providencia es una implicación necesaria a partir de la demostración&#xD;
de Dios Creador. El ser de Dios se demuestra a partir de la composición&#xD;
metafísica del ente finito. El ente finito está realmente compuesto por dos coprincipios&#xD;
que constituyen uno: el coprincipio potencial, participante y el coprincipio&#xD;
actual participado. Esto es, esencia y acto de ser. Ambos constituyen el ente participado,&#xD;
en términos de Santo Tomás, o el ser limitado, en otros términos. Ello constituye&#xD;
una participación horizontal (de la esencia al acto de ser) que da como resultado,&#xD;
en nuestros términos, una contingencia metafísica absoluta: el principio potencial&#xD;
no implica necesariamente al coprincipio actual. De allí surge la causalidad metafísica:&#xD;
en todo aquello donde se distingan realmente esencia y ser, el ser está causado&#xD;
por otro. En otros términos, lo contingente no puede ser el origen ontológico de lo&#xD;
contingente. Pero es así que existen entes contingentes (en el sentido de contingencia&#xD;
metafísica absoluta). Luego, deben estar causados por lo no-contingente, que,&#xD;
por consecuencia, no tiene distinción real entre esencia y ser; su esencia es su ser y&#xD;
es necesario absolutamente. A tal necesario absoluto lo llamamos Dios. Dios es creador&#xD;
en cuanto que da, en una permanencia ontológica, el ser, de la nada, al ser finito,&#xD;
dado que el ser finito no puede sostenerse a sí mismo en el ser, por su contingencia&#xD;
metafísica absoluta. A esa dependencia entitativa permanente la llamamos&#xD;
participación vertical, con analogía de proporcionalidad intrínseca.</summary>
    <dc:date>1997-01-01T00:00:00Z</dc:date>
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    <title>La persona humana, cumbre y síntesis de la creación</title>
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      <name>Bogliolo, Luigi</name>
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    <updated>2022-01-04T05:10:42Z</updated>
    <published>1997-01-01T00:00:00Z</published>
    <summary type="text">Título: La persona humana, cumbre y síntesis de la creación
Autor: Bogliolo, Luigi
Resumen: Resumen: No es posible una completa y profunda investigación filosófica acerca de la creación&#xD;
sin poner de relieve las maravillas con que Dios se dignó enriquecer su obra, la&#xD;
más estupenda del universo sensible. No creo que haya otro filósofo en la historia&#xD;
de la misma filosofía cristiana que haya asentado la grandeza del ser humano sobre&#xD;
cimientos más firmes y sugestivos que Santo Tomás de Aquino, pero desgraciadamente&#xD;
no suficientemente valorizados por los mismos que se profesan tomistas.&#xD;
El hombre es la más perfecta de las obras de la creación de todo el mundo sensible.&#xD;
En la persona humana están incluidas y recogidas todas las perfecciones del&#xD;
mundo inferior al hombre.&#xD;
Sin duda, la perfección primera, que es el ser como acto primero y último de todo&#xD;
lo real, la forma de todas las formás, la perfección de todas las perfecciones, nos&#xD;
ayuda a comprender la grandeza y dignidad de la persona. Esto ha sido puesto a la&#xD;
luz en la primera mitad de este siglo por el finado estigmatino Padre Cornelio Fabro&#xD;
y por el dominico francés Padre Louis-Bertrand Geiger, autores de dos trabajos notables&#xD;
que finalmente pusieron en evidencia algo del auténtico tomismo, después de&#xD;
la encíclica Aeterni Patris t .&#xD;
Pero el principio universal y fundamental objetivo del ser como acto de todo acto,&#xD;
no basta; hay que añadir el acto de todo acto en sentido universal subjetivo, que&#xD;
es el intelecto, lo que toda la escolástica ha olvidado. El estudio y la profundízación&#xD;
del intelecto, la más alta facultad del alma espiritual humana es un principio, no menos&#xD;
importante que el del ser. El intelecto es la forma de todas las formas, el acto de&#xD;
todos los actos, la perfección de todas las perfecciones, calificante universal del conocer&#xD;
humano en sentido subjetivo.</summary>
    <dc:date>1997-01-01T00:00:00Z</dc:date>
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